El guirigay que hay

December 26, 2005

Lenin Guerrero, un niño genio de unos veintitrés veinticuatro años, y con la cosa sexy que tienen los jóvenes fogosos, no sé si heterosexual o cómo por cierto, me ha enlazado desde su propio espacio de Remembranzas. Los insto a visitarlo, y a él, a que visite mi rodeo de palabras, único y bonito blog activo de Iván Francisco Sierra.

El IVO

December 9, 2005

¿Recuerdan que este sitio se llamaba Vancy blog? Bueno, pues olvídenlo. El carácter efímero de Post, mi blog literario, ahí no en su nombre sino en el material que presenta, que es absorbido por este blog dicho sea de paso, me hizo pensar por qué no, por qué no jugar con todo. Digo, mi trabajo es algo serio, o debería serlo, pero la palabra escrita es mi pasión porque es también mi juego. Estaba entre que me cagaba y no porque quería jugar con el nombre del blog, porque me sacié de que fuera el Vancy, y no lo hacía porque dibujaba hasta donde podía el posible escenario de que lo cambiara, y el posible escenario de que no, y luego los enfrentaba, y a éstos con otros aspectos de mi vida: casa, amigos, Chile, mi peso. Bueno, todo esto se llama no haber tenido una niñez muy divertida, así que no importa. Lo que importa es que de los cinco idiotas que leen este blog, je je, cuatro no se darían cuenta de los cambios (nadie entra a ver la página del autor que está aquí a la derecha, por ejemplo, ni el link recomendado). Y el que se dé cuenta será ¿quién?, ¿Josué? Vamos, que a partir de ahora ningún cabrón hijo de su puta madre va a venir a decirme a mí cómo voy a ponerle a este pinche blog de mierda. ¿Entendido?

Vecino

December 8, 2005

Se sienta las tardes frente a los depas con su discman, ha de tener unos 16 años. Todas las tardes. Pone su música y se pasa un par de horas cantando en voz alta, sabrá Dios qué cosas. Tiene cara de que mezcla Greenday con algo de hip-hop. Cuando paso y lo saludo me mira desde lo alto de su estilacho adolescente y asiente con aire de perdonavidas.

[Continúa leyendo este relato de Ricardo Cucamonga en Yo Cucamonga…]

Tendero

December 6, 2005

No sé de grados, pero sí de que tengo un chingo de frío. El frío se me clava en la nuca, ahí, precisamente ahí. Con todo, y porque Servando me traería calor y cogidas sensacionales con las que soñé varios días, me bañé con una cara de idiota feliz bajo el agua helada, me vestí coquetón, me pasé un meñique cargado de humectante por los labios y salí a mitad de la noche, con la miradilla juguetona de las putas, a esperarlo en la plaza del pueblo. No se hace ni una hora desde la ciudad, así que no tardaría mucho.
  Los huevos se reducen a pasitas duras en un clima tan jodidamente crudo. Y sin embargo, el solo hecho de imaginarme los lengüetazos que este cabrón hijoputa me daría en la piruleta, me ponía un cabezón, pum pum, latiendo en la entrepierna, pum pum, enrojecido, loco.
  Aunque confieso que lo que más me pesa no es el puñal de hielo en la nunca, tampoco que Servando quiera Dios se haya matado en la carretera, sino que, afuera del minisúper de Espinoza, frente a la plaza, mi deseo no hubiera podido despertar a Espinoza y hacerlo venir hasta mí, y su mano, ah conduciéndome a un cuarto pequeño y desnudo, a un colchón apolillado, al fuerte sabor de su robusta verga, no envolviera a la mía como cuando de día me clava los ojos, me sonríe con galanura y me pregunta, tras el mostrador, qué se me ofrece, Iván.

Pequeño mamífero

December 1, 2005

Dentro de mí un pequeño mamífero asustado aguza el olfato por encontrar el camino de regreso, desarrolla la mirada ciega en el lodazal por distinguir la punta de una pestaña de la luna. Dentro de mí esa angustia aúlla lastimeramente. Digo que es el miedo, un yo nostálgico engendrado, un corazón sin consuelo —cof, cof— y enfermo, un periplo sin radio que no navega. A veces son mis ojos los ojos de ese azoro interno,

y me quedo quieto.

Cumpleaños de amor

November 30, 2005

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
—prolongándome, vivo, hacia la muerte—
se pasarán de mano en mano,
de corazón en corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
—que importa que no sean estos ojos—
te seguirán a donde vayas, fieles.

�ngel González

Splat

November 30, 2005

Ahorita salí de bañarme y me puse a huevonear frente a la computadora. Despues de un rato me di cuenta de que había una palomilla (moth?) revoloteando a mi alrededor. Puse Age of Consent de New Order y me puse a bailar con el insecto.

[Siga leyendo este relato de Tulio en Puñetas en Público…]

Anotación matutinísima

November 26, 2005

Agresivos quiquiriquíes se cuelan tranquilazos por los huecos sin vidrios de las ventanas de la sala. (Pareciera que los gallos exigen una respuesta de mi parte que yo, francamente, no sé darles. Me quedo con cara de circunspección y ellos ¡quiquiriquí! Joder, ¡¿qué quieren?!) Los chiflones gélidos se meten por ahí, igualito. Estoy descalzo. Mi regazo es un muladar empapado de semen: acabo de masturbarme con unos twinkies de Eden Gay. Son las cinco de la madrugada y no he dormido. El detallísimo es: ¿qué mierdas hago aquí? Escribiendo esta nota, lo sé, pero ¿qué puta alguien puede decirme utilidad le ven a este ejercicio? Nah, olvídenlo. Me voy a dormir. Chau.

El tejaván

November 25, 2005

Iba a iniciar esta nota hablando sobre el pórtico de mi nueva casa, aquí en Villa Pesqueira, pero no encontré la palabra con que se designa en Sonora a estas galerías techadas que pueden dar a un jardín frontal o a un patio interior. Esto de pórtico es muy inusual por aquí. (El término seguramente lo aprendí hojeando diccionarios o en la columna del saltillense Catón.) Acá se les dice tejavanes —pronúnciese tejabanes, que es más amable—. El término no aparece en la más reciente edición del DRAE; sin embargo, encontramos tejavana, que significa edificio techado a teja vana: lo mismo, pues. Cobertizo, que es sinónimo de tejavana, es un tejado que sale fuera de la pared; es también un tejaván. Insisto, entre paréntesis, que es más amable, tanto para la pronunciación como para la vista, tejabán, con b labial, palabra utilizada con mucha frecuencia en internet, según Google, para designar la misma cosa.
  El tejaván de mi casa, entonces, fue construido, según una pinta blanca, en 1918. La casa es más vieja que eso: antes, el pasillo que cubren unas láminas viejas, asegura mi madre, estaba destapado. El caso es que da a un patio trasero cerrado por tétricos árboles frutales; un patio largo que termina en la barda que lo separa del Río Mátape, ya muerto por la eterna sequía. En ese hoyo negro, en ese infierno impenetrable, yo que orinaba tímidamente frente al maléfico espectáculo, se tensan las cuerdas de los gatos y se rasgan, escuché cómo se alejaban, como en una pesadilla, unos quejidos caninos que sufrían, y otros, más parecidos a los gruñidos de los lobos, que torturaban. Los pasos apagados, las escamas que se arrastran, el silbido desesperado del aire que se cuela entre las ramas que se agitan, se congregan en la armonía siniestra, se conciertan, toca su majestuosidad mi pequeño corazón apesadumbrado.
  —No creo en lo sobrenatural —susurro—. Si con lo natural me basta.

Un murciélago camina de cabeza bajo el tejaván, y yo pienso parece una rata. Corro por la cámara fotográfica, con fascinación, con miedo. Josué un foquito rojo en la computadora que me saluda, hola Iván, tomo la cámara, tengo miedo, Josué. El murciélago ¿podría chuparme toda la sangre?, pienso. Salgo. Lo encuadro. Me distraigo, doy un paso atrás, viro, prendo un foco, vuelvo. El murciélago despliega sus alas y se pierde en el jardín, se sumerge en esa lava oscura, en una escena de película, y yo me quedo quieto, así nomás.

Apuntes serranos

November 24, 2005

Gracias al soporte técnico de Prodigy, y después de varios días de estarlo intentando, hoy ya disfruto de una sólida, ¿o fluida?, conexión a internet. Estoy solo en la casona de Mátape, como cariñosamente se le llama a Villa Pesqueira. (De hecho, una supuesta petición de los habitantes de lo que hasta entonces fue San José de Mátape, y decretado así por la legislatura local, le impuso en 1867 el nombre que ahora lleva.) Mi madre está en Hermosillo, con mi hermano y su novia, LaPao: tiene toda la santa semana allá.
  En medio de que se me subió una iguana cuando casi me quedaba dormido la otra noche, y de matar un alacrán estando bichi en el baño, y de vigilar con los ojos atentos los recorridos de apresuradas arañitas por las altas y muchas paredes de toda la inmensa Dios mío maldita casa, he vuelto a empezar la lectura de la novela de Mario Vargas Llosa Conversación en La Catedral. ¿Que por qué así? Porque mi madre me ha regalado, a petición expresa mía, una bonita edición de Alfaguara. Los dos volúmenes de la edición de Six Barral con que contaba tuve que devolverlos, gracias Javier, antes de venirme a la Sierra.
  Por cierto, creo que la primera edición en México de la novela (junio de 2005) tiene un error. Tomen su Conversación y síganme. En mi caso es al final de la página 91 (Uno, IV).

  —Con esta escena de celos le van a amargar el día al flaco, déjense de adefesios —dijo don Fermín—. Vengan, suban al carro.
  —A La Herradura a tomar milk shakes con hot dogs, papá —dijo el Chispas.
  —Vamos a La Herradura —dijo don Fermín—. El flaco es el que ha hecho la primera comunión, hay que darle gusto a él.

¿No debe ser el flaco el que propone ir a tomar milk shakes con hot dogs a La Herradura? A ver, Joseth, demás lectores, ¿qué dicen?

Por cierto, aunque he visto a varios adolescentes, jóvenes y bien señores bastante atractivos, ninguno me ha hecho ojitos. Sufro. (Y Mátape, me comenta el señor Espinoza, no tendrá más de seiscientos habitantes, y ya no casi ochocientos como decía el censo de 2000.) Recontrasufro.