Tendero
December 6, 2005
No sé de grados, pero sí de que tengo un chingo de frío. El frío se me clava en la nuca, ahí, precisamente ahí. Con todo, y porque Servando me traería calor y cogidas sensacionales con las que soñé varios días, me bañé con una cara de idiota feliz bajo el agua helada, me vestí coquetón, me pasé un meñique cargado de humectante por los labios y salí a mitad de la noche, con la miradilla juguetona de las putas, a esperarlo en la plaza del pueblo. No se hace ni una hora desde la ciudad, así que no tardaría mucho.
Los huevos se reducen a pasitas duras en un clima tan jodidamente crudo. Y sin embargo, el solo hecho de imaginarme los lengüetazos que este cabrón hijoputa me daría en la piruleta, me ponía un cabezón, pum pum, latiendo en la entrepierna, pum pum, enrojecido, loco.
Aunque confieso que lo que más me pesa no es el puñal de hielo en la nunca, tampoco que Servando quiera Dios se haya matado en la carretera, sino que, afuera del minisúper de Espinoza, frente a la plaza, mi deseo no hubiera podido despertar a Espinoza y hacerlo venir hasta mí, y su mano, ah conduciéndome a un cuarto pequeño y desnudo, a un colchón apolillado, al fuerte sabor de su robusta verga, no envolviera a la mía como cuando de día me clava los ojos, me sonríe con galanura y me pregunta, tras el mostrador, qué se me ofrece, Iván.
December 8, 2005 at 8:24 pm
he leido algunos de tus textos y he visto tus fotos… te ves bien chiquito, como un púber, pero tus textos (relatos y cuentos) son fuertes y bien hechos… te imaginaba más grande… o es que eres tragaaños?
soy muy indiscreta… ji
December 9, 2005 at 1:58 am
Yo digo que traga años, apuesto cien soles.
December 9, 2005 at 6:34 am
Soy un adolescente, bailarina, te lo juro.