Vecino

December 8, 2005

Se sienta las tardes frente a los depas con su discman, ha de tener unos 16 años. Todas las tardes. Pone su música y se pasa un par de horas cantando en voz alta, sabrá Dios qué cosas. Tiene cara de que mezcla Greenday con algo de hip-hop. Cuando paso y lo saludo me mira desde lo alto de su estilacho adolescente y asiente con aire de perdonavidas.

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Cumpleaños de amor

November 30, 2005

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
—prolongándome, vivo, hacia la muerte—
se pasarán de mano en mano,
de corazón en corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
—que importa que no sean estos ojos—
te seguirán a donde vayas, fieles.

�ngel González

Splat

November 30, 2005

Ahorita salí de bañarme y me puse a huevonear frente a la computadora. Despues de un rato me di cuenta de que había una palomilla (moth?) revoloteando a mi alrededor. Puse Age of Consent de New Order y me puse a bailar con el insecto.

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Susan

November 5, 2005

En aquel tiempo, la sola idea de perder a Susan era impensable: de haberla contemplado, me hubiera dado vértigo. Ella era todo para mí y yo todo para ella. Llevábamos tres meses de largas e intensas conversaciones, de breves pero sustanciosos abrazos, cuando lo que había de ocurrir, ocurrió: Susan me dijo que en las noches no podía pensar en otro nombre que no fuera el mío: Gustavo, y que al pensar en mí, su cama se llenaba de telarañas que ella debía apartar, comedida e impaciente, para encontrarse con mi cuerpo caliente y desnudo sobre las sábanas.

[Siga leyendo en Buenos Modales este cuento de Javier Munguía…]

Juan Ignacio Superman

October 13, 2005

Juan Ignacio Superman sale tempranito para la escuela colgado del portafolios de su mamá. Pasan delante de sus ojos y como en un sueño, las filas de medialunas de la panadería, el local del zapatero, todos los títulos de los diarios de la esquina y los colores rabiosos de las flores que venden en el puestito de la avenida.
  Trotando por la vereda, mediodormido, con un alfajor en la mano y la mochi a la espalda, Juan Ignacio Superman piensa que los desayunos deberían ser más largos. Y también las noches.

[Siga leyendo en Imaginaria este cuento de Cecilia Pisos…]