Villa Pesqueira
November 18, 2005
Fundado en 1629 por Martín de Azpilcueta, misionero de la Compañía de Jesús, con el nombre de San José de Mátape, vocablo este último ópata y que significa lugar de metales, Villa Pesqueira está situado en el centro del estado de Sonora a una altura de 634 metros sobre el nivel del mar. La información del Censo General de Población y Vivienda 2000, elaborado por el INEGI, arroja los siguientes números. Villa Pesqueira cuenta con una población total de 783 habitantes, de los cuales 415 son hombres. El 10% de la población masculina es homosexual: cuarenta y dos deliciosos varones. Bueno, este último dato es inexistente, pero espero que la fantasía resulte ciertísima: mañana parto a Villa Pesqueira, lugar de mi residencia hasta febrero, marzo del próximo año, antes de alcanzar mi destino definitivo: Santiago de Chile.
Puro amor
November 15, 2005
La soledad de Rodrigo no se aguantó las ganas y vino a vivirse con la mía, trayéndoselo consigo. Se aquietaban una a la otra en las tranquilísimas comidas, en las horas de lectura por las tardes; se espiaban interesadas. Las soledades manejaban su amistad con un entusiasmo cargado de urgencia; habían olvidado por completo a qué debían dedicarse. Se burlaban de vernos tan serios y estirados; de ver a Rodrigo meterse al otro lado de mi cama como en un estuche de silencio; de verme a mí en medio de la noche buscando un resquicio para hablarle.
Rodrigo y yo nos perdíamos en los laberínticos supermercados, en las caminatas por el parque; nos difuminábamos tras cortinas de vapor en los saunas de los gimnasios. Mas donde fuera que estuviéramos cerca, una niña impaciente tomaba mi mano y la aprehendía y me jalaba, y a él un cuerpo pequeñito lo empujaba firmemente, y así nos topábamos al principio con sorpresa, es chico este lugar, después sin darle importancia al encuentro, a las nueve en el carro para irnos. Él se quedaría pensando pobre Pablo, tan joven y ya viudo, como yo me preguntaba cuándo iría a recuperarse este muchacho de la infidelidad de su ex novia.
Cruzábamos la racha amarga de no saber adónde íbamos. Mi vida transcurría por las horas de trabajo con fatiga; el hastío hacía de mí lo mismo en las obligaciones laborales que en los inútiles recreos vespertinos. Rodrigo me decía eres un tipo extraordinario, Pablo, alégrate. Yo lo miraba con ternura, Rodrigo gracias, y pensaba que se iría pronto, en cuanto se sintiera algo mejor: lo extrañaría.
Unas botellas de vino, unas ganas de soltarse llorando, un vértigo en las tripas. Estábamos en el patio trasero, junto a la sombrilla. La tarde se ponía roja de borracha; luego la lluvia intoxicada por la noche nos regalaba un semblante sombrío. Dios, me dije, cuando una jovencita empezó a hurgar en mi entrepierna. Seguro ésta es señorita, está muy chica, pensé. Calla, dijo la voz infantil. Pero, ¿de dónde has salido? Calla, repitió. Callemos, consentí, precipitándola a probar mi sexo. Rodrigo no estaba lejos, con una señorita igual de dulce, igual de joven. Ven, él la llamaba, y ella levantaba su falda con las manos mientras Rodrigo le decía, así: no hablemos. Yo respondía, sí: no hablemos, y él acomodaba en la cavidad exacta de su boca el ardiente y puro amor que yo le ofrecía.
Pandora
November 12, 2005
Pandora es una excelente idea llevada con éxito al fascinante mundo de los hechos. Tim Westergren, fundador de The Music Genome Project —creador de Pandora—, trata de explicarnos cómo ha estado la cosa en una carta a la que le entiendo dos o tres cositas, pero nada más, porque está en inglés.
¿Y de qué se trata Pandora? Es un programa basado en la web que nos permite acceder a contenidos de audio a través de una simple búsqueda. Yo entro, pongo, p. ej., Beck, y empiezo a escuchar inmediatamente no sólo canciones del intérprete de Qué onda guero, The new pollution y The golden age, sino de otros músicos en la onda hanseana. Esta selección, que supongo se construye con las recomendaciones de los usuarios del servicio, nos permite estar descubriendo constantemente nueva música a la par que disfrutamos la que ya tenemos por favorita.
Sin embargo, una de las características más gratas de Pandora es que el sistema recuerda las preferencias del usuario, conservando los canales que haya creado. Estos canales pueden hacerse en base al título de una canción o al nombre de un intérprete, y podrá crear cuantos desee en el momento que lo decida, eliminar los que ya no le apetezcan y suprimir canciones específicas dentro de ellos. Pero estos canales no deben confundirse con listas de reproducción, las que hay que armar manualmente y en las que siempre llega el fin (y que aburren). Aquí tú sólo tienes que sentarte a escuchar lo que podríamos llamar una amable estación musical que nunca, nunca tendrá las estridentes voces de los locutores y ni un solo spot publicitario.
El vuelo
November 11, 2005
Munguiín tuvo la buena idea de invitarme a un proyecto en el que él y Josbeth ya le daban forma a la jueza Amalia Cobarrubias: un cuento colectivo. El vuelo, que así se llama el cuento, ha sido un ejercicio provechoso para los tres, y para ti como lector, puede resultar siendo una intrépida y apasionante aventura por la estepa africana. ¡Vamos!
[Toma El vuelo en Buenos Modales, el blog que olvidó mencionarnos La Razón.]
Javier tiene La Razón
November 11, 2005
La Razón nuevamente ha hecho de las suyas. Dos días atrás ya me había enterado Munguiita de que este diario español fraguaba la embestida que al fin nos dio a los dos, y a otros cercanos amigos y amantes que admiramos el genio de este joven creador, en la edición de hoy viernes 11 de noviembre: Susan, el cuento que recomienda el Vancy desde hace seis días, fue publicado en relación al mismo certamen en el que participan mis Nalguitas.
Nalguitas de ángel de Iván Francisco Sierra, Claqué en el desierto de María Ramiro Martín, Encuentro desafortunado de Marco Antonio Marcos, El corrector de Alberto Berisa Muro y Susan de Javier Munguía, junto a un título más que todavía no se da a conocer, son los que participan por alcanzar un primer premio económico de 300 euros y el pase a la final del Segundo Concurso Cepsa-La Razón de Relatos, que ofrece al ganador 2,000 euros.
Improvisación
November 10, 2005
Un día el maestro del taller de teatro para principiantes propuso un ejercicio para medir nuestro dominio sobre las emociones: uno de nosotros tendría que exponerse a los insultos y actitudes agresivas del resto del grupo, evitando en todo momento mostrarse ofendido. Todos seríamos el sujeto infamado y provocadores en diferentes tiempos, según nos tocara al deseo del maestro. Creo que fui el primero en escucharlos. Mis compañeros —que no eran más de cinco o seis— me rodearon iniciando la gala de sus dotes, echando mano de todo lo imaginario y lo cierto de mí; ¡no me importaba!: permanecía imperturbable —no conseguirían inquietarme, me dije—. Pero me fijé en uno: él no era un alumno notable, aunque en ese momento empecé a dudar de mi opinión porque todo lo que decía me lastimaba. Comparé sus insultos con los de los demás, y no tardé en darme cuenta de que eran tan poco ingeniosos los suyos: a lo más variantes de lo dicho por los otros. Entonces me dije que efectivamente él era un notable alumno: debía ser la inflexión de su voz, o los mismos conceptos expresados con otras mas justas palabras, o las mismas palabras en un orden distinto pero más efectivo, lo que me hacía perder la traza del ejercicio y afligirme íntimamente. Sin embargo, pronto descubrí que su actitud no era sino vacilante, distraída, por robar palabras que repetía en una secuencia casi inalterada —decía: lo otro y esto; en vez de: esto y lo otro—, y que su rostro y su cuerpo no daban muestra de intención, ni guardaban relación con lo opinado: él no sólo no era un alumno notable, sino que además casi ni podía alcanzarse a decir que fuera uno común. Y todavía así, sabiéndole tan incapaz, tan manifiestamente mediocre en comparación al todo del grupo, de igual manera seguía vulnerándome, pareciéndome, cada vez e inexorablemente, más cruel.
Cuando todos y cada uno fueron expuestos a las acometidas del resto, el maestro pidió que comentáramos nuestras impresiones. Uno a uno mis compañeros hicieron los comentarios acostumbrados; yo levanté el índice más próximo y apunté a aquél, al único que logró herirme, y le dije: Te amo.
Yo no tengo La Razón
November 7, 2005
El diario español La Razón publica en su edición del 7 de noviembre de 2005 mi cuento Nalguitas de ángel. Ha sido elegido en una primera instancia del Concurso Cepsa-La Razón de Relatos de Otoño.
¿Alguien desea enviarme una fotografía de la página de la sección Cultura donde aparezco, una imagen de scanner a ivanfranciscosierra@gmail.com, un vivo ejemplar por correo a Ignacio Cadena 45, Altares 83294, Hermosillo, México? ¿Alguien, alguno de ustedes? Aunque no me gustaría, es cierto, que se molestaran… (México va con x.)
[Lean las Nalguitas en La Razón Digital… Fotografía de LaPao.]
Entrevista
November 6, 2005
Hala, mi amigo el escritor Javier Munguía me ha hecho una entrevista el día de ayer, y desde ayer, y todavía hoy, la publica su blog, Buenos Modales. Vamos a ver qué dije, ¿no?
Susan
November 5, 2005
En aquel tiempo, la sola idea de perder a Susan era impensable: de haberla contemplado, me hubiera dado vértigo. Ella era todo para mí y yo todo para ella. Llevábamos tres meses de largas e intensas conversaciones, de breves pero sustanciosos abrazos, cuando lo que había de ocurrir, ocurrió: Susan me dijo que en las noches no podía pensar en otro nombre que no fuera el mío: Gustavo, y que al pensar en mí, su cama se llenaba de telarañas que ella debía apartar, comedida e impaciente, para encontrarse con mi cuerpo caliente y desnudo sobre las sábanas.
[Siga leyendo en Buenos Modales este cuento de Javier Munguía…]
Amigas
November 4, 2005
Elizabeth menea con desenfado el absurdamente colosal trasero, dentro de unos pantalones untados que le esconden la flaccidez bofa, pinchi puta. Yo sí que me arreglo: uñas moradas, camiseta old navy mostaza, pantalones rabanne brunos, converse altos parchados, mousse get set para el cabello, look soft punk, banana boat aroma chocolate en los brazos, una capa suave de lip care toronja, máscara en las pestañas. Elizabeth hunde su manaza en la bolsita de frituras y pesca veinte hojuelas de patata trituradas. La estúpida me acerca una pelota de sal y de aceite crujiéndole en el puño: ¿Quieres, Samy? Me quedo mirándola con la claridad de ojos de la manzanilla: No, gracias. Ella dice bueno, sonríe, se traga esa mierda, y seguimos caminando. Su ridículo trasero, que es una presencia aparte, nos sigue, molestándome. Es un amasijo de culo agigantado y obsceno que se revuelve en la fija atención de los idiotas que chiflan desde los carros, o del otro lado de la calle.
—Ay, Samy, qué pegue tienes —me dice Elizabeth.
—Búrlate, pendeja —pienso. Pero digo:— A ver si aprendes.